Construimos lo que usamos.
Cada producto nace resolviendo algo que nosotros mismos necesitábamos resuelto. Esa regla nos obliga a sostenerlo con el mismo cuidado con que lo lanzamos: no hay una versión para clientes más pulida; hay una sola, y la usamos primero.
Cuando un producto deja de servirnos, lo retiramos. Preferimos cerrar algo a tiempo antes que mantenerlo vivo sin motivo.